¿Es necesario comer dulces para tener azúcar?



Nuestras fuentes de azúcar esencial deben ser las naturales, entre ellas frutas y vegetales.

Popularmente escuchamos que como “el cuerpo necesita azúcar” no está mal comerse algún “dulcito”.

Azúcares en exceso promueven obesidad, diabetes, procesos inflamatorios y excesivo estrés oxidativo. Es vital comerlos de manera balanceada, prefiriendo las fuentes naturales y limitando los alimentos con azúcar añadida.

Los azúcares conforman el grupo de los glúcidos o hidratos de carbono, macronutrientes cuya principal función en el organismo es energética, y los cuales comprenden los monosacáridos o “azúcares simples”, que son la glucosa, fructosa y galactosa.

También los oligosacáridos, entre ellos, los disacáridos (dos monosacáridos unidos), como la sacarosa, que es el azúcar de mesa -la comúnmente llamada azúcar-, que se encuentra de forma natural en la caña, remolacha, verduras y frutas.

La lactosa, que es el azúcar de la leche, y la maltosa, azúcar de la cebada, también son disacáridos.

Finalmente, los polisacáridos (diez o más monosacáridos unidos) como es el almidón, presente en tubérculos como la papa, yuca, ñame, batata, yautía, entre otros vegetales.

Los hidratos de carbono sólo pueden ser absorbidos y cumplir su función en nuestro cuerpo como monosacáridos.

Así, oligosacáridos y polisacáridos son degradados a monosacáridos por las enzimas intestinales, principalmente a glucosa, el monosacárido más importante en el campo de la nutrición, al ser la principal fuente para disponer de energía de un modo inmediato.

A excepción de la uva, existen pocos alimentos naturales que contengan glucosa en cantidades importantes, pero su presencia en el cuerpo es abundante porque es el combustible principal de las células. Por eso cuando hablamos de “azúcar” en el torrente sanguíneo decimos “glicemia o glucemia”, que significa glucosa en sangre.

La glucosa sanguínea es utilizada por la generalidad de los tejidos con preferencia a otros combustibles metabólicos. En el caso del cerebro, es el nutriente energético casi exclusivo.

Nuestras fuentes de glucosa dietética deben ser las naturales: frutas, verduras y carbohidratos complejos, entre éstos últimos las legumbres (habichuelas, lentejas, gandules, garbanzos, etc.), cereales y harinas integrales, los cuales aportan fibra alimentaria, vitaminas y minerales.

Bebidas y alimentos procesados con alta cantidad de azúcares añadidos, tales como jugos industriales, gaseosas, helados, productos de repostería, entre otros, deben ser de consumo ocasional, o excluidos totalmente de nuestra alimentación.

Pertinente precisar que si no aportamos glucosa desde la dieta, es sintetizada a partir de los aminoácidos de las proteínas. Ante una ingesta adecuada de proteínas y grasas, el requerimiento de carbohidratos es nulo; la glucosa se producirá desde esas fuentes.

Pese a ello se recomienda una ingesta mínima diaria de carbohidratos entre 80 y 100 gramos, deben aportar de 50 a 60 % del total de la energía consumida en la dieta.

Basarse en mecanismos endógenos como único sistema para el aporte de glucosa puede inducir a adaptaciones metabólicas extremas y fomentar desequilibrios.

¿Es necesario comer dulces para tener azúcar?



Nuestras fuentes de azúcar esencial deben ser las naturales, entre ellas frutas y vegetales.

Popularmente escuchamos que como “el cuerpo necesita azúcar” no está mal comerse algún “dulcito”.

Azúcares en exceso promueven obesidad, diabetes, procesos inflamatorios y excesivo estrés oxidativo. Es vital comerlos de manera balanceada, prefiriendo las fuentes naturales y limitando los alimentos con azúcar añadida.

Los azúcares conforman el grupo de los glúcidos o hidratos de carbono, macronutrientes cuya principal función en el organismo es energética, y los cuales comprenden los monosacáridos o “azúcares simples”, que son la glucosa, fructosa y galactosa.

También los oligosacáridos, entre ellos, los disacáridos (dos monosacáridos unidos), como la sacarosa, que es el azúcar de mesa -la comúnmente llamada azúcar-, que se encuentra de forma natural en la caña, remolacha, verduras y frutas.

La lactosa, que es el azúcar de la leche, y la maltosa, azúcar de la cebada, también son disacáridos.

Finalmente, los polisacáridos (diez o más monosacáridos unidos) como es el almidón, presente en tubérculos como la papa, yuca, ñame, batata, yautía, entre otros vegetales.

Los hidratos de carbono sólo pueden ser absorbidos y cumplir su función en nuestro cuerpo como monosacáridos.

Así, oligosacáridos y polisacáridos son degradados a monosacáridos por las enzimas intestinales, principalmente a glucosa, el monosacárido más importante en el campo de la nutrición, al ser la principal fuente para disponer de energía de un modo inmediato.

A excepción de la uva, existen pocos alimentos naturales que contengan glucosa en cantidades importantes, pero su presencia en el cuerpo es abundante porque es el combustible principal de las células. Por eso cuando hablamos de “azúcar” en el torrente sanguíneo decimos “glicemia o glucemia”, que significa glucosa en sangre.

La glucosa sanguínea es utilizada por la generalidad de los tejidos con preferencia a otros combustibles metabólicos. En el caso del cerebro, es el nutriente energético casi exclusivo.

Nuestras fuentes de glucosa dietética deben ser las naturales: frutas, verduras y carbohidratos complejos, entre éstos últimos las legumbres (habichuelas, lentejas, gandules, garbanzos, etc.), cereales y harinas integrales, los cuales aportan fibra alimentaria, vitaminas y minerales.

Bebidas y alimentos procesados con alta cantidad de azúcares añadidos, tales como jugos industriales, gaseosas, helados, productos de repostería, entre otros, deben ser de consumo ocasional, o excluidos totalmente de nuestra alimentación.

Pertinente precisar que si no aportamos glucosa desde la dieta, es sintetizada a partir de los aminoácidos de las proteínas. Ante una ingesta adecuada de proteínas y grasas, el requerimiento de carbohidratos es nulo; la glucosa se producirá desde esas fuentes.

Pese a ello se recomienda una ingesta mínima diaria de carbohidratos entre 80 y 100 gramos, deben aportar de 50 a 60 % del total de la energía consumida en la dieta.

Basarse en mecanismos endógenos como único sistema para el aporte de glucosa puede inducir a adaptaciones metabólicas extremas y fomentar desequilibrios.

¿Es necesario comer dulces para tener azúcar?



Nuestras fuentes de azúcar esencial deben ser las naturales, entre ellas frutas y vegetales.

Popularmente escuchamos que como “el cuerpo necesita azúcar” no está mal comerse algún “dulcito”.

Azúcares en exceso promueven obesidad, diabetes, procesos inflamatorios y excesivo estrés oxidativo. Es vital comerlos de manera balanceada, prefiriendo las fuentes naturales y limitando los alimentos con azúcar añadida.

Los azúcares conforman el grupo de los glúcidos o hidratos de carbono, macronutrientes cuya principal función en el organismo es energética, y los cuales comprenden los monosacáridos o “azúcares simples”, que son la glucosa, fructosa y galactosa.

También los oligosacáridos, entre ellos, los disacáridos (dos monosacáridos unidos), como la sacarosa, que es el azúcar de mesa -la comúnmente llamada azúcar-, que se encuentra de forma natural en la caña, remolacha, verduras y frutas.

La lactosa, que es el azúcar de la leche, y la maltosa, azúcar de la cebada, también son disacáridos.

Finalmente, los polisacáridos (diez o más monosacáridos unidos) como es el almidón, presente en tubérculos como la papa, yuca, ñame, batata, yautía, entre otros vegetales.

Los hidratos de carbono sólo pueden ser absorbidos y cumplir su función en nuestro cuerpo como monosacáridos.

Así, oligosacáridos y polisacáridos son degradados a monosacáridos por las enzimas intestinales, principalmente a glucosa, el monosacárido más importante en el campo de la nutrición, al ser la principal fuente para disponer de energía de un modo inmediato.

A excepción de la uva, existen pocos alimentos naturales que contengan glucosa en cantidades importantes, pero su presencia en el cuerpo es abundante porque es el combustible principal de las células. Por eso cuando hablamos de “azúcar” en el torrente sanguíneo decimos “glicemia o glucemia”, que significa glucosa en sangre.

La glucosa sanguínea es utilizada por la generalidad de los tejidos con preferencia a otros combustibles metabólicos. En el caso del cerebro, es el nutriente energético casi exclusivo.

Nuestras fuentes de glucosa dietética deben ser las naturales: frutas, verduras y carbohidratos complejos, entre éstos últimos las legumbres (habichuelas, lentejas, gandules, garbanzos, etc.), cereales y harinas integrales, los cuales aportan fibra alimentaria, vitaminas y minerales.

Bebidas y alimentos procesados con alta cantidad de azúcares añadidos, tales como jugos industriales, gaseosas, helados, productos de repostería, entre otros, deben ser de consumo ocasional, o excluidos totalmente de nuestra alimentación.

Pertinente precisar que si no aportamos glucosa desde la dieta, es sintetizada a partir de los aminoácidos de las proteínas. Ante una ingesta adecuada de proteínas y grasas, el requerimiento de carbohidratos es nulo; la glucosa se producirá desde esas fuentes.

Pese a ello se recomienda una ingesta mínima diaria de carbohidratos entre 80 y 100 gramos, deben aportar de 50 a 60 % del total de la energía consumida en la dieta.

Basarse en mecanismos endógenos como único sistema para el aporte de glucosa puede inducir a adaptaciones metabólicas extremas y fomentar desequilibrios.

¿Cómo podemos fomentar las meriendas escolares saludables?



La merienda escolar debe apoyar la salud de niños y adolescentes.

Al inicio del año escolar muchos padres se llenan de inquietud sobre el contenido de las meriendas durante el horario de enseñanza.

Qué poner a los niños en la lonchera para llenar sus altas demandas nutricionales mediante alimentos saludables que a la vez les gusten llega a ser una batalla diaria. Si se trata de los más grandecitos, la preocupación se extiende a lo que compren en la cafetería escolar, algo que escapa al total control de los padres.

En las tempranas edades se construyen los hábitos alimenticios de toda la vida. Los padres son los responsables primarios de enseñar a comer a los niños; los pequeños incorporan los modelos de alimentación del hogar.

En la medida que crecen, también se vuelven muy determinantes en sus elecciones alimentarias, el ambiente escolar, el grupo de amigos y el marketing de alimentos. Es por eso que a partir del inicio de la vida escolar, crear costumbre de alimentación balanceada en los niños deja de ser una responsabilidad exclusiva de los padres y pasa a ser tripartita: padres, escuela y Gobierno.

La malnutrición, que engloba problemas como talla y peso por debajo de lo aceptable para la edad, así como también sobrepeso y obesidad, afecta el aprendizaje y el desarrollo general de niños y adolescentes.

En el país hemos avanzado mucho en el combate a la desnutrición infantil, sin embargo a nivel global el sobrepeso y la obesidad entre niños y adolescentes se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. Para 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia de peso debido al consumo de alimentos y bebidas ultra procesados, los cuales contienen mucha grasa, sal o azúcar: refrescos, snacks, comida rápida, pastelería, helados, empanadas, pastelitos, etc., y el sedentarismo.

Ante esta seria problemática de salud, la OMS y la OPS instan a las naciones a tomar medidas para contrarrestar el ambiente obesogénico o promotor de obesidad. Por ejemplo, el Estado debe regular el marketing de alimentos y bebidas altos en grasa, azúcar y sal. Asimismo, trazar políticas de educación nutricional, como estrategia para fomentar hábitos saludables de alimentación en la población. Mientras no sea así, los padres interesados en fomentar alimentación saludable entre sus niños estarán luchando solos contra la sociedad obesogénica y será difícil.

Parece un problema individual pero es colectivo. La solución vendrá de la sociedad trabajar unida: escuelas, autoridades, padres, industrias, medios de comunicación.

¿Cómo podemos fomentar las meriendas escolares saludables?



La merienda escolar debe apoyar la salud de niños y adolescentes.

Al inicio del año escolar muchos padres se llenan de inquietud sobre el contenido de las meriendas durante el horario de enseñanza.

Qué poner a los niños en la lonchera para llenar sus altas demandas nutricionales mediante alimentos saludables que a la vez les gusten llega a ser una batalla diaria. Si se trata de los más grandecitos, la preocupación se extiende a lo que compren en la cafetería escolar, algo que escapa al total control de los padres.

En las tempranas edades se construyen los hábitos alimenticios de toda la vida. Los padres son los responsables primarios de enseñar a comer a los niños; los pequeños incorporan los modelos de alimentación del hogar.

En la medida que crecen, también se vuelven muy determinantes en sus elecciones alimentarias, el ambiente escolar, el grupo de amigos y el marketing de alimentos. Es por eso que a partir del inicio de la vida escolar, crear costumbre de alimentación balanceada en los niños deja de ser una responsabilidad exclusiva de los padres y pasa a ser tripartita: padres, escuela y Gobierno.

La malnutrición, que engloba problemas como talla y peso por debajo de lo aceptable para la edad, así como también sobrepeso y obesidad, afecta el aprendizaje y el desarrollo general de niños y adolescentes.

En el país hemos avanzado mucho en el combate a la desnutrición infantil, sin embargo a nivel global el sobrepeso y la obesidad entre niños y adolescentes se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. Para 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia de peso debido al consumo de alimentos y bebidas ultra procesados, los cuales contienen mucha grasa, sal o azúcar: refrescos, snacks, comida rápida, pastelería, helados, empanadas, pastelitos, etc., y el sedentarismo.

Ante esta seria problemática de salud, la OMS y la OPS instan a las naciones a tomar medidas para contrarrestar el ambiente obesogénico o promotor de obesidad. Por ejemplo, el Estado debe regular el marketing de alimentos y bebidas altos en grasa, azúcar y sal. Asimismo, trazar políticas de educación nutricional, como estrategia para fomentar hábitos saludables de alimentación en la población. Mientras no sea así, los padres interesados en fomentar alimentación saludable entre sus niños estarán luchando solos contra la sociedad obesogénica y será difícil.

Parece un problema individual pero es colectivo. La solución vendrá de la sociedad trabajar unida: escuelas, autoridades, padres, industrias, medios de comunicación.

¿Cómo podemos fomentar las meriendas escolares saludables?



La merienda escolar debe apoyar la salud de niños y adolescentes.

Al inicio del año escolar muchos padres se llenan de inquietud sobre el contenido de las meriendas durante el horario de enseñanza.

Qué poner a los niños en la lonchera para llenar sus altas demandas nutricionales mediante alimentos saludables que a la vez les gusten llega a ser una batalla diaria. Si se trata de los más grandecitos, la preocupación se extiende a lo que compren en la cafetería escolar, algo que escapa al total control de los padres.

En las tempranas edades se construyen los hábitos alimenticios de toda la vida. Los padres son los responsables primarios de enseñar a comer a los niños; los pequeños incorporan los modelos de alimentación del hogar.

En la medida que crecen, también se vuelven muy determinantes en sus elecciones alimentarias, el ambiente escolar, el grupo de amigos y el marketing de alimentos. Es por eso que a partir del inicio de la vida escolar, crear costumbre de alimentación balanceada en los niños deja de ser una responsabilidad exclusiva de los padres y pasa a ser tripartita: padres, escuela y Gobierno.

La malnutrición, que engloba problemas como talla y peso por debajo de lo aceptable para la edad, así como también sobrepeso y obesidad, afecta el aprendizaje y el desarrollo general de niños y adolescentes.

En el país hemos avanzado mucho en el combate a la desnutrición infantil, sin embargo a nivel global el sobrepeso y la obesidad entre niños y adolescentes se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. Para 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia de peso debido al consumo de alimentos y bebidas ultra procesados, los cuales contienen mucha grasa, sal o azúcar: refrescos, snacks, comida rápida, pastelería, helados, empanadas, pastelitos, etc., y el sedentarismo.

Ante esta seria problemática de salud, la OMS y la OPS instan a las naciones a tomar medidas para contrarrestar el ambiente obesogénico o promotor de obesidad. Por ejemplo, el Estado debe regular el marketing de alimentos y bebidas altos en grasa, azúcar y sal. Asimismo, trazar políticas de educación nutricional, como estrategia para fomentar hábitos saludables de alimentación en la población. Mientras no sea así, los padres interesados en fomentar alimentación saludable entre sus niños estarán luchando solos contra la sociedad obesogénica y será difícil.

Parece un problema individual pero es colectivo. La solución vendrá de la sociedad trabajar unida: escuelas, autoridades, padres, industrias, medios de comunicación.

¿Cómo podemos fomentar las meriendas escolares saludables?



La merienda escolar debe apoyar la salud de niños y adolescentes.

Al inicio del año escolar muchos padres se llenan de inquietud sobre el contenido de las meriendas durante el horario de enseñanza.

Qué poner a los niños en la lonchera para llenar sus altas demandas nutricionales mediante alimentos saludables que a la vez les gusten llega a ser una batalla diaria. Si se trata de los más grandecitos, la preocupación se extiende a lo que compren en la cafetería escolar, algo que escapa al total control de los padres.

En las tempranas edades se construyen los hábitos alimenticios de toda la vida. Los padres son los responsables primarios de enseñar a comer a los niños; los pequeños incorporan los modelos de alimentación del hogar.

En la medida que crecen, también se vuelven muy determinantes en sus elecciones alimentarias, el ambiente escolar, el grupo de amigos y el marketing de alimentos. Es por eso que a partir del inicio de la vida escolar, crear costumbre de alimentación balanceada en los niños deja de ser una responsabilidad exclusiva de los padres y pasa a ser tripartita: padres, escuela y Gobierno.

La malnutrición, que engloba problemas como talla y peso por debajo de lo aceptable para la edad, así como también sobrepeso y obesidad, afecta el aprendizaje y el desarrollo general de niños y adolescentes.

En el país hemos avanzado mucho en el combate a la desnutrición infantil, sin embargo a nivel global el sobrepeso y la obesidad entre niños y adolescentes se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años. Para 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia de peso debido al consumo de alimentos y bebidas ultra procesados, los cuales contienen mucha grasa, sal o azúcar: refrescos, snacks, comida rápida, pastelería, helados, empanadas, pastelitos, etc., y el sedentarismo.

Ante esta seria problemática de salud, la OMS y la OPS instan a las naciones a tomar medidas para contrarrestar el ambiente obesogénico o promotor de obesidad. Por ejemplo, el Estado debe regular el marketing de alimentos y bebidas altos en grasa, azúcar y sal. Asimismo, trazar políticas de educación nutricional, como estrategia para fomentar hábitos saludables de alimentación en la población. Mientras no sea así, los padres interesados en fomentar alimentación saludable entre sus niños estarán luchando solos contra la sociedad obesogénica y será difícil.

Parece un problema individual pero es colectivo. La solución vendrá de la sociedad trabajar unida: escuelas, autoridades, padres, industrias, medios de comunicación.

¿Cómo provoqué la condición que enfermó mortalmente a mi niña?



Condición. La leche materna es la mejor y más económica.

Del 1 al 7 de agosto celebramos la Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLM), este año bajo el lema “Lactancia materna: fundación de vida”.

Adoptada en los 90 por OMS y Unicef, la SMLM busca resaltar la importancia de los niños ser alimentados por el pecho materno e incentivarlo.

La ocasión es justa para deplorar nuevamente los bajos niveles de lactancia materna en el país, situación que no hemos podido superar pese a la ley 8-95 que declara como Prioridad Nacional La Promoción y Fomento de la Lactancia Materna.

Esta normativa ha sido de resultados muy escasos pues no ha sido implementada con rigurosidad.

La escasa lactancia materna junto al alto número de cesáreas, nos configuran como una sociedad enferma y de enfermos, la cual al efecto somos. No puede construirse salud cuando lactancia y parto natural, dos de sus pilares fundamentales, son obviados en nuestro país.

Nuestro sistema de salud existe para combatir la enfermedad, no para prevenirla, y eso explica en parte por qué no hemos podido asentar la lactancia materna como la primera elección para alimentar a nuestros infantes.

La leche materna tiene la composición de nutrientes a la medida de las necesidades de desarrollo del bebé humano y lo protege contra infecciones y alergias.

Las fórmulas infantiles la imitan parcialmente y con muchas desventajas, por lo que sólo deben utilizarse en caso de contraindicación o fracaso de la lactancia, por causas como una falta en la cantidad de secreción, malformaciones de la mama, pezón invertido, alguna enfermedad infecciosa, ciertas enfermedades permanentes, alcohol o drogodependencia, o que el neonato presente ictericia debida a la leche materna.

El éxito de la lactancia depende básicamente de la succión del bebé, que estimulará la secreción, de la alimentación adecuada de la madre y su convencimiento y deseo de poder lactar.

Sin embargo, bajo diversos mitos y creencias muchas madres en capacidad de lactar recurren a la leche de fórmula.

Defiendo la lactancia no solamente en mi calidad de nutricionista sino por mi propia experiencia personal. Primero, yo no fui lactada y eso favoreció mucha debilidad inmunológica, lo que me hizo muy vulnerable físicamente.

Por otra parte, perdí mi primera hija a los 3 años de edad por una enfermedad que fue secuela de la debilidad física que yo le fomenté por no lactarla con la adecuada consciencia y el tiempo necesario.

Perder mi primera hija me significó el aprendizaje suficiente para hacer las cosas diferentes con mi segunda y hoy única hija (22 años). A ella la lacté y desteté como debía ser.

Sí, lactancia es fundación de vida. Futura madre, dando el seno te evitarás muchas visitas a pediatras y sembrarás en tu hijo la base de su salud, el mayor tesoro para él y para ti.

¿Cómo provoqué la condición que enfermó mortalmente a mi niña?



Condición. La leche materna es la mejor y más económica.

Del 1 al 7 de agosto celebramos la Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLM), este año bajo el lema “Lactancia materna: fundación de vida”.

Adoptada en los 90 por OMS y Unicef, la SMLM busca resaltar la importancia de los niños ser alimentados por el pecho materno e incentivarlo.

La ocasión es justa para deplorar nuevamente los bajos niveles de lactancia materna en el país, situación que no hemos podido superar pese a la ley 8-95 que declara como Prioridad Nacional La Promoción y Fomento de la Lactancia Materna.

Esta normativa ha sido de resultados muy escasos pues no ha sido implementada con rigurosidad.

La escasa lactancia materna junto al alto número de cesáreas, nos configuran como una sociedad enferma y de enfermos, la cual al efecto somos. No puede construirse salud cuando lactancia y parto natural, dos de sus pilares fundamentales, son obviados en nuestro país.

Nuestro sistema de salud existe para combatir la enfermedad, no para prevenirla, y eso explica en parte por qué no hemos podido asentar la lactancia materna como la primera elección para alimentar a nuestros infantes.

La leche materna tiene la composición de nutrientes a la medida de las necesidades de desarrollo del bebé humano y lo protege contra infecciones y alergias.

Las fórmulas infantiles la imitan parcialmente y con muchas desventajas, por lo que sólo deben utilizarse en caso de contraindicación o fracaso de la lactancia, por causas como una falta en la cantidad de secreción, malformaciones de la mama, pezón invertido, alguna enfermedad infecciosa, ciertas enfermedades permanentes, alcohol o drogodependencia, o que el neonato presente ictericia debida a la leche materna.

El éxito de la lactancia depende básicamente de la succión del bebé, que estimulará la secreción, de la alimentación adecuada de la madre y su convencimiento y deseo de poder lactar.

Sin embargo, bajo diversos mitos y creencias muchas madres en capacidad de lactar recurren a la leche de fórmula.

Defiendo la lactancia no solamente en mi calidad de nutricionista sino por mi propia experiencia personal. Primero, yo no fui lactada y eso favoreció mucha debilidad inmunológica, lo que me hizo muy vulnerable físicamente.

Por otra parte, perdí mi primera hija a los 3 años de edad por una enfermedad que fue secuela de la debilidad física que yo le fomenté por no lactarla con la adecuada consciencia y el tiempo necesario.

Perder mi primera hija me significó el aprendizaje suficiente para hacer las cosas diferentes con mi segunda y hoy única hija (22 años). A ella la lacté y desteté como debía ser.

Sí, lactancia es fundación de vida. Futura madre, dando el seno te evitarás muchas visitas a pediatras y sembrarás en tu hijo la base de su salud, el mayor tesoro para él y para ti.

¿Cómo provoqué la condición que enfermó mortalmente a mi niña?



Condición. La leche materna es la mejor y más económica.

Del 1 al 7 de agosto celebramos la Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLM), este año bajo el lema “Lactancia materna: fundación de vida”.

Adoptada en los 90 por OMS y Unicef, la SMLM busca resaltar la importancia de los niños ser alimentados por el pecho materno e incentivarlo.

La ocasión es justa para deplorar nuevamente los bajos niveles de lactancia materna en el país, situación que no hemos podido superar pese a la ley 8-95 que declara como Prioridad Nacional La Promoción y Fomento de la Lactancia Materna.

Esta normativa ha sido de resultados muy escasos pues no ha sido implementada con rigurosidad.

La escasa lactancia materna junto al alto número de cesáreas, nos configuran como una sociedad enferma y de enfermos, la cual al efecto somos. No puede construirse salud cuando lactancia y parto natural, dos de sus pilares fundamentales, son obviados en nuestro país.

Nuestro sistema de salud existe para combatir la enfermedad, no para prevenirla, y eso explica en parte por qué no hemos podido asentar la lactancia materna como la primera elección para alimentar a nuestros infantes.

La leche materna tiene la composición de nutrientes a la medida de las necesidades de desarrollo del bebé humano y lo protege contra infecciones y alergias.

Las fórmulas infantiles la imitan parcialmente y con muchas desventajas, por lo que sólo deben utilizarse en caso de contraindicación o fracaso de la lactancia, por causas como una falta en la cantidad de secreción, malformaciones de la mama, pezón invertido, alguna enfermedad infecciosa, ciertas enfermedades permanentes, alcohol o drogodependencia, o que el neonato presente ictericia debida a la leche materna.

El éxito de la lactancia depende básicamente de la succión del bebé, que estimulará la secreción, de la alimentación adecuada de la madre y su convencimiento y deseo de poder lactar.

Sin embargo, bajo diversos mitos y creencias muchas madres en capacidad de lactar recurren a la leche de fórmula.

Defiendo la lactancia no solamente en mi calidad de nutricionista sino por mi propia experiencia personal. Primero, yo no fui lactada y eso favoreció mucha debilidad inmunológica, lo que me hizo muy vulnerable físicamente.

Por otra parte, perdí mi primera hija a los 3 años de edad por una enfermedad que fue secuela de la debilidad física que yo le fomenté por no lactarla con la adecuada consciencia y el tiempo necesario.

Perder mi primera hija me significó el aprendizaje suficiente para hacer las cosas diferentes con mi segunda y hoy única hija (22 años). A ella la lacté y desteté como debía ser.

Sí, lactancia es fundación de vida. Futura madre, dando el seno te evitarás muchas visitas a pediatras y sembrarás en tu hijo la base de su salud, el mayor tesoro para él y para ti.